QUÉ MÁS PUE…

Por Carlos Rafael Coutiño Camacho/

1.- Filosofía VS ideología

2.- Paz

Leía un artículo en el medio de comunicación RT, una cadena pública de Rusia, donde expresa la existencia de una organización que se autodenomina por su conducta como largoplacismo, ellos dicen creer en el futuro, pero no en Dios, quieren salvar al humano, pero los del futuro, no los de ahora.

          Me llamó la atención, porque esto va enfocado al tema del futuro, pero que ha empezado como la tecnología y el conocimiento artificial,  esta corriente filosófica en pleno auge, sostiene que nuestra principal prioridad moral debe ser proteger el futuro de la humanidad a largo plazo, influyendo positivamente en el destino de las próximas generaciones.

En un mundo dominado por el cortoplacismo político y el beneficio económico trimestral, este movimiento quiere desviar la atención de las crisis inmediatas para enfocarse en los riesgos existenciales, que serán los mismos a futuro por cierto y que será peor, por si fuera poco, pero es curioso que se quiera salvar al humano, cuando también se le discrimina y ataca.

Los defensores del largoplacismo alertan que el desarrollo acelerado de una IA que no esté alineada con los valores humanos no es ciencia ficción, sino una amenaza real capaz de extinguirnos o bloquear nuestro potencial de forma permanente.

Por ello, esta columna que escribo, sostiene que los gobiernos actuales deben actuar urgentemente como custodios del mañana, legislar para mitigar los peligros de la IA no es un asunto del futuro; es el deber moral más urgente de nuestra generación para garantizar que el mañana continúe existiendo y claro, lo empiezan hacer, porque en el Canal del Congreso de Televisión, Javier Solórzano ya tocó el tema y está en el punto en Comisiones.

          Lo cierto, es que si traemos el tema a Chiapas, hay que decir que, mientras en el norte global algunos magnates y filósofos hacen cuentas para salvar a una humanidad abstracta del futuro lejano, en la frontera sur de México la vida no se calcula, se resiste.

En las comunidades de Chiapas, en las montañas de Guerrero y en los valles de Oaxaca, el tiempo no se mide en milenios ni en inteligencias artificiales amenazantes, sino en la milpa que se seca hoy, en la lluvia que no llega y en el plato que falta en la mesa.

Para nuestros pueblos, profundamente arraigados a la fe, a la tierra y a la solidaridad comunitaria, resulta ajena la lógica de quienes pretenden jerarquizar la dignidad humana mediante fórmulas matemáticas.

En esta región, la vida de un niño no es un número ni una probabilidad en una ecuación utilitarista; su valor es absoluto e sagrado en el presente. Frente a filosofías lejanas que pretenden cuidar a generaciones hipotéticas, el sur nos recuerda que no se puede construir ningún futuro ignorando las manos que hoy sostienen al mundo.

          En síntesis, las filosofías y las ideologías, están peleadas, la libertad de pensamiento choca una y otra vez, el tema que los de largo plazo, son políticos, ex mandatarios, empresarios, luego entonces, es posible que ganen, pero quieren un mundo sin Dios, pero quieren ingresar por la Iglesia Católica, es decir que, sea desde ahí, donde se quiebre la fe, pero se vea a ellos, como los grandes salvadores de la humanidad.

PAZ

Viva la paz se grita desde el balcón de la Sede de Gobierno y se construye desde la casa, Eduardo Ramírez Aguilar, gobernador de Chiapas, quien siempre anexa al libreto tradicional de las arengas del 15 de septiembre con una insistencia que resuena con fuerza de cara al 21 de septiembre, Día Mundial de la Paz.

No fue un grito de guerra independentista común; fue un llamado de amor y de esperanza, al unísono de la plaza, el mandatario subrayó: ¡Viva la paz, viva la paz!, entrelazando este anhelo con la justicia debida a nuestros pueblos originarios y el orgullo de ser chiapanecos, por portar el traje tradicional.

Las palabras del gobernador obligan a una reflexión profunda que supera la retórica oficial; la paz no es simplemente la ausencia de guerra o la tregua en una confrontación armada; reducirla a eso sería ignorar la realidad cotidiana, la verdadera estabilidad, la que sostiene el tejido social, comienza desde casa, en el seno de la familia que se erige como el núcleo inquebrantable de la sociedad.

Si los hogares chiapanecos no albergan concordia, las calles difícilmente reflejarán tranquilidad, Chiapas ha entrado en una dinámica de transformación visible, el trabajo del gobierno estatal ha sido contundente para disminuir los índices de violencia y replegar a aquellos elementos delincuenciales que pretenden desestabilizar la región.

Sin embargo, la narrativa pública suele distorsionar la realidad de los acontecimientos, muchos de los hechos violentos que sacuden la opinión pública no corresponden necesariamente a las operaciones de la delincuencia internacional organizada.

Con frecuencia, detrás de la nota roja y policíaca, se esconden riñas entre particulares, añejas disputas comunitarias y conflictos vecinales que escalan por la falta de mediación y por eso mi insistencia, en que la Iglesia Católica, las dos secciones magisteriales, sean quienes desde la fe y la enseñanza, sepan orientar a sus feligreses y a los niños. Paz y no violencia de ningún tipo.

Quiero subrayar que el gran mérito de la actual administración no es solo contener las amenazas externas, sino reconocer la urgencia de desactivar estas fricciones cotidianas, donde se actuó de inmediato como el caso de la colonia Las Granjas en Tuxtla Gutiérrez, quiero hacer un paréntesis, cuando vemos involucrados a menores de edad en asesinatos, es porque, no existe una familia, lo que hay es una unión de personas que solo ven y conocen odio, insatisfacción, desesperación y arrastran la crueldad.

El gobierno está trabajando activamente para eliminar la violencia en todas sus escalas, desde la alta seguridad institucional hasta los programas de cohesión comunitaria. La arenga del gobernador no fue una simulación festiva; fue un recordatorio político de que la pacificación de Chiapas requiere una corresponsabilidad entre el Estado y los ciudadanos.

Cierro diciendo que celebrar el Día Mundial de la Paz este 21 de septiembre debe servir para asumir que la tranquilidad se defiende con leyes, pero se siembra desde la intimidad del hogar, quien se diga cristiano, que lo demuestre dando amor y desterrando el odio, que los maestros vuelvan a hacer los apóstoles de la educación con la ética, la moral y los valores en las aulas.

Publicar comentario

Puede que te hayas perdido