De impulsar derechos humanos a marchar contra ellos: una postura que genera cuestionamientos
La participación Gloria Leticia Daruich González en una marcha que se pronuncia en contra de la diversidad sexual, el derecho de las mujeres a decidir es una verdadera contradicción y ha provocado fuertes críticas sobre la congruencia en el ejercicio público.
Durante su paso por la Secretaría de Igualdad de Género (SEIGEN) Lety Daruich mantuvo un discurso de respaldo a los derechos de la población LGBT+, impulsó el Observatorio Ciudadano de los Derechos de la Población LGBT+ y se pronunció a favor del aborto, sin embargo, hoy se pronuncia en contra de ello y usa el slogan nazi: «Dios, patria y familia» utilizado en la época fascista de Mussolini y que fue replicado en otras latitudes del mundo.
La presencia de Lety Daruich en una movilización que promueve el concepto de la llamada «familia tradicional» y respalda consignas como «Con nuestros hijos no» ha generado fuertes cuestionamientos sobre el compromiso que anteriormente expresó con las causas de la diversidad sexual, el aborto y los derechos humanos.
A ello se suma otro elemento señalado defender la familia tradicional como slogan principal cuando no cuenta con la consolidación propia de un núcleo familiar tradicional como el que defiende, por lo que su postura de modelo de familia, no se concilia con su experiencia personal.
Cabe aclarar que el debate de fondo no radica en su situación familiar, sino en la coherencia entre las causas que antes promovía y las que hoy respalda públicamente.
En el ámbito político, este viraje también ha sido interpretado como un intento por acercarse a sectores conservadores en un contexto en el que ya no ocupa un cargo público.
El cambio de discurso ha alimentado especulaciones sobre una posible estrategia para ponerse en el espacio público, generar simpatía política en sectores conservadores con miras a tener un espacio en el próximo proceso electoral o un espacio en la función pública.
Más allá de las interpretaciones, el caso vuelve a poner sobre la mesa una exigencia permanente para quienes ejercen o han ejercido responsabilidades públicas: la congruencia entre el discurso, las acciones y los principios que dicen representar que adaptan sus convicciones según la coyuntura político social y el poder.



Publicar comentario