CÓDIGO NUCÚ

César Trujillo/

Dispendio de Cuarta
El respaldo al Proyecto de Nación del presidente Andrés Manuel López Obrador es justo y hasta me parece necesario. Lo que no lo es, pienso, es el derroche de recursos que desde algunos ayuntamientos de Chiapas se dio para mostrar que caminan a la par de la Cuarta Transformación: bandera de austeridad y condena del despilfarro y acarreos.
El mismo “camarada presidente”, como se les ha ocurrido llamarlo desde los partidos que se dicen de izquierda y que gustan de vivir en la opulencia, ha sido enfático al condenar esas viejas prácticas que son achacadas al priismo de antaño. Ese que no tienen empacho en replicar los demás institutos políticos cada que pueden y se requiere (cabe remarcar).
Chiapas es uno de los estados más pobres de México. Se ha repetido infinidad de veces. Más, el eco de esa condena no ha penetrado a las instituciones. Menos aún a los ayuntamientos que siguen creyendo que rendir pleitesías es lo que requiere esta nación: en estos tiempos donde el sistema político y el de partidos se encuentran atravesando una grave crisis: en esta era donde los llamados del mismo Andrés Manuel han sido los de romper con las ataduras y buscar cambiar el rumbo a este país que se cae a pedazos.
Es inadmisible ver a los ediles desfilando, sin pudor alguno, sólo para mostrar que son afines al proyecto del Presidente de México, aunque la verdad sea otra: en el fondo buscan sacar raja y están pensando en el 2021: en su reelección o en el salto a otro puesto de elección popular. Punto.
Esa ha sido su actuación y su comportamiento de siempre. Los ediles, los más, deambulan siempre en un limbo de frivolidad apostando a su desarrollo político y personal, y olvidándose del por qué llegaron hasta ahí.
Si gustan de apoyar el Proyecto de AMLO, pudieron viajar solos; llegar como uno más; arribar acompañados de sus esposas o hijos y estar de pie como cientos de mexicanos lo hicieron.
Sí, lejos de lo mediático y de su afán de mostrarse con sus decenas de acarreados que mandaron en camiones con pancartas, lejos de los frutsi y de las tortas que heredara la política rancia, y el pago de 200 para cubrir el día.
Pero es como pedirle peras al olmo. Acostumbrados a la parafernalia y las alfombras mediáticas, los presidentes municipales posaron para las fotos que sus jefes de prensa, o sus particulares, no se cansaron en difundir y dejaron en claro que no hay cambio alguno mientras el comportamiento sea el del pasado.
La esperanza es inmarcesible. Lo es. Muere al último, se dice. Morena, incluso, se proclamó con ser esa expectativa, ese estado de ánimo que pudiera detonar al país y darle otro rostro. Esa esperanza de poder romper con las viejas ataduras y retomar la secuencia de las “transformaciones” que el país ha visto pasar y que, de forma urgente, necesita hoy.
Quizá por ello, pienso, celebrar el triunfo del Proyecto de Nación es justo y necesario. Lo es, porque es la esperanza de miles de mexicanos que salieron a las urnas hace seis meses. Es el anhelo de miles que quieren ver a México fuera de esa descripción que hiciera Luis Donaldo Colosio allá en el 94 y que calara hasta los huesos, y legara, es más, un cambio a la historia.
Celebrar es justo, insisto. Pero no bajo el lema de que es un evento sin precedentes. La historia muestra que los priistas, hasta antes de la debacle final, celebraron del mismo modo y convocaron de la misma forma. En hechos diferentes, aclaro, para no herir susceptibilidades.
Empero, algo debe hacer el Jefe del Ejecutivo federal para lograr que su discurso penetre las conciencias de los presidentes municipales: esos que no han entendido que el gobierno local es el más cercano a la gente, el primer eslabón, el punto de partida o el epicentro de la democracia (como gustan llamarle algunos expertos en administración pública).
Si desde ahí nada cambia, si siguen replicando lo que se condena, si son las piedras en el zapato y los «con iniciativa» siguen abundando, si se ondea una bandera que ya se conoce, si se permite repetir la historia, difícil será aspirar a un cambio.

#MANJAR.- Y hablando de presidentes municipales, el de Ocozocoautla, Alfonso Estrada Pérez, anda ocupado y preocupado porque sus opositores ya le empezaron a juntar firmas para pedir al Congreso de Chiapas su desafuero. La base de todo, su incompetencia y el poner, en apenas nueve meses, al municipio patas arriba. Por algo andan pidiendo una auditoría. Sin duda los excesos, su soberbia y el rodearse de familiares para ayudarlos (cuando éstos no lo ayudan a él), le está saliendo contraproducente. Ya buscó apoyo en el Legislativo, dicen por ahí. Ahora el asunto es quién le tiende la mano partiendo del hecho que no escucha y cree que es intocable. No hay peor enemigo que uno mismo, señor edil. Ojo. Y eso, Alfonso apenas está en proceso de experimentarlo. El karma es duro y no sea que termine vestido de naranja: color que tanto odió y que usó su antecesor, ¡ish! #PaloDadoNiDiosLoQuita // “Hace falta muy poco para tener una vida feliz; está todo dentro de ti, en tu forma de pensar”. Marco Aurelio. #LaFrase // La recomendación de hoy es el libro ¿Qué país es este? de Emmanuel Carballo y el discoExperience de Jimi Hendrix. // Recuerde: no compre mascotas, mejor adopte. // Si no tiene nada mejor qué hacer, póngase a leer.

*Miembro de la Asociación de Columnistas Chiapanecos.
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